3 pasos para cerrar el pasado

30.10.2017

Dejar de ser esclavo del pasado y vivir totalmente el presente.

Soltar significa dejar atrás situaciones que ya no me sirven, permitir que las emociones reprimidas puedan ser expresadas, decir adiós a personas que ya no tienen cabida en mi vida o que se quieren marchar.

Soltar también significa desprenderse de dolores antiguos, palabras no dichas, lágrimas no derramadas, situaciones no comprendidas...

Soltar a veces duele. Duele el alma y duele el corazón. Y también implica liberación, respirar mejor, dejarme en paz, desanudar nudos y tensiones y quedarme tranquil@ con lo que hay en mi vida.

Soltar también es rendirme (aceptar) lo que hay dentro y fuera de mí. Aunque no me guste. No significa que tenga que resignarme o mirar hacia otro lado.

Significa aceptar lo que ES y lo que FUE en mi vida, para dejar de ser esclavo del pasado y permitir que la fuerza de tu presente te invada. Es decir, para sentirte viv@.

También para decir SÍ a la vida y así ilusionarte con ella.

Para ser libre y dejar de fingir ser quien no eres. Permitir que tu yo verdadero salga a la luz.

Te propongo 3 sugerencias para cerrar el pasado:

1. Asuntos inconclusos

Cuando quedan asuntos inconclusos del pasado por resolver, los arrastramos, aunque no nos demos cuenta, hasta el día de hoy.

Por eso es tan importante ir soltando cada piedra del camino, para poder dar paso a lo nuevo de la vida.

Si seguimos reviviendo cosas pasadas y nos quedamos ancladas a ellas, nos resultará más difícil conectar con lo que está pasando en el presente y con la vida.

No soltar significa dirigir la mirada a un pasado que nos hizo daño o nos causó dolor. Nos aferramos a él sin poner solución a eso que nos molesta aún en el presente.

Por ello, también, se nos repiten historias, se nos presentan situaciones parecidas con otros protagonistas... porque reflejamos en la realidad y en los demás aquello que no tengo resuelto, lo proyectamos sin darnos cuenta.

Cuando soltamos podemos dar paso a lo nuevo y a lo auténtico de la vida. Para soltar, en definitiva, necesitas estar en el presente para darte cuenta qué te duele.

Ejercicio:

Haz una carta a aquella persona que no consigues olvidar o que te causó dolor. Programa a tu cerebro enviársela, aunque al final no lo hagas.

En la carta, no se admiten insultos ni reproches. Cuéntale a esa persona cómo te hizo sentir su actitud o sus palabras.

A continuación, quema la carta en un acto de simbolismo y déjala marchar con el viento.

2. "Me duele de la vida..."

Reconoce que a veces te duele la vida. Eso significa que estás viv@.

Ejercicio: Cuando completes la frase "Me duele de la vida..." con cada cosa que te duela, di SÍ a esa situación o a esa persona que te duele. Coloca un SÍ bien grande al lado de la frase y respira profundamente.

Esto no significa que aceptes a esa persona, que estés de acuerdo con ella o que justifiques lo que hizo. No tiene nada que ver con esto.

Decir SÍ es un acto de amor para con uno mismo. Es decir SÍ a lo que ocurrió.

"No lo puedo cambiar, eso fue lo que sucedió".

Decir SÍ significa que acepto que ocurriera para mi evolución personal. Significa dejar de pelearme con lo que pasó. Dejar de pelearme conmigo mism@.

Decir SÍ es aceptar que me llevo el aprendizaje de la experiencia para un crecimiento interior.

Cuando decimos SÍ A LO QUE ES, podemos soltar todo aquello que nos duele y permitimos que algo más agradable y constructivo para mi evolución entre en mi vida.

3. Construye tu presente día a día.

Revisa qué es lo que te gusta de la vida, qué es lo que te hace vibrar.

Ahora que ya has podido soltar, plantéate rellenar ese vacío o hueco que te ha quedado con algo nuevo.

A mí me ayuda pensar qué es lo que hacía de pequeña, con qué jugaba, con qué me entretenía, con qué era feliz.

Así he podido recuperar hobbies de mi infancia que a día de hoy sigo practicando. Por ejemplo la escritura o leer.

¿Eres la última revisión de ti mism@?

Anímate a soltar.

Sólo así podrás descubrir lo nuevo que la vida te tiene preparado, recuperando la ilusión de existir y mirándola con una perspectiva diferente y auténtica

Sandra Gamero