Cuando no nos podemos agarrar a nada

A veces podemos sentir que nos falta suelo, sostén, un lugar donde agarrarnos cuando viene una tempestad, cuando sentimos miedo o pánico, cuando nos sentimos solos.

Esta falta de sostén es aterradora. Es la sensación de que nos vamos a "caer" metafóricamente hablando, incluso sensación de que nos vamos a morir.

Este miedo tan profundo nos puede dificultar la vida. Nos paraliza hasta que se va durmiendo y volvemos a la vida de nuevo, si conseguimos salir de ello.

Si no salimos de esta sensación, podemos caer en depresión, fobias, ataques de pánico y ansiedad recurrentes e incluso quedarnos paralizados, sin dar ningún paso hacia adelante ni hacia atrás.

La falta de sostén tan profunda se suele originar en nuestros primeros años de vida. Es una herida que sigue con nosotros en la adultez y que puede despertarse con algún evento externo importante.

Tiene que ver con el sostén que nuestra madre nos dio. A veces fue un sostén ausente (por ejemplo cuando mamá nos cogía en brazos, los cuales eran nuestro colchón, podríamos notar esos brazos flácidos que no nos aseguraban que no nos cayéramos) o vacío (a lo mejor mamá estaba de cuerpo presente pero pensando en sus problemas, por lo que nos faltó presencia y sus sostén emocional).
En cualquier caso, nuestra madre hizo lo que pudo con los recursos físicos, mentales y emocionales que tenía a su disposición.

Y eso no quita que no nos afectara y que esa falta de suelo, seguridad y sostén se prolongue también en nuestra vida adulta.

Para ello recomiendo realizar terapia. La terapia nos ayuda a restaurar ese sostén que nos falta y a construir nuestro propio suelo para andar más seguros por la vida. 

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